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África
25 de mayo de 2016
Libia es actualmente un país devastado, donde el desgobierno y la lucha entre grupos armados están empobreciendo y asesinando a la población. La OTAN decidió intervenir en el año 2011 para derrocar al gobierno de Muamar Gadafi, que fue además brutalmente asesinado, con la excusa de defender los Derechos Humanos de la población. Pero ese no fue el motivo real de la intervención, porque una vez que controlaron los recursos energéticos, abandonaron a la población y allanaron el camino para la operación de más de 1700 grupos armados, entre ellos la banda extremista Daesh, que buscan controlar más territorios y consolidar su poder en este país árabe.
ESCUCHA EN EL AUDIO DE LA NOTICIA A CARLOS AZNÁREZ, ANALISTA POLÍTICO.
Vivir en Libia antes de la intervención de la OTAN era vivir en un país absolutamente pacificado, sin conflictos armados, con una de las mejores calidades de vida del continente africano y con una tase de desempleo casi inesistente. Hoy cualquier parecido con lo que fue es puro espejismo.
Ahora, la OTAN dice que está dispuesta a intervenir nuevamente en Libia si el Gobierno de Acuerdo Nacional de este país norteafricano lo reclama. Lo dijo el martes el jefe OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, en Roma, la capital italiana.
Para el politólogo italiano, Manlio Dinucci, las verdaderas intenciones occidentales es romper la unidad de Libia, establecer tres nuevos estados que posteriormente podrían federarse, Tripolitania, Cirenaica y Fezzan, con el objetivo de controlar mejor el territorio y sus recursos.
Libia posee casi el 40% del petróleo existente en África, extremadamente valioso por su alta calidad y el bajo costo de su extracción, así como grandes reservas de gas natural, cuya explotación reportaría a las transnacionales estadounidenses y europeas ganancias mucho más elevadas. Además, eliminando el Estado nacional y negociando separadamente con diferentes facciones del poder en Tripolitania y Cirenaica, esas transnacionales pueden lograr la privatización de las reservas energéticas públicas y obtener su control directo.
Además del oro negro, las transnacionales estadounidenses y europeas pretenden apoderarse del oro blanco: la inmensa reserva de agua del manto freático nubio, que se extiende bajo el suelo de Libia, Sudán y Chad. Las posibilidades de ese recurso natural ya habían sido demostradas por el Estado libio, mediante la construcción de los acueductos que transportaban agua potable y agua destinada al riego, millones de metros cúbicos al día provenientes de 1 300 pozos en el desierto y transportados a través de 1 600 kilómetros hasta las ciudades costeras, que hacían fértiles tierras desérticas.
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