Delincuencia
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Europa
17 de junio de 2016
La muerte de la diputada laborista Jo Cox, a manos de un hombre que le disparó y apuñaló, ha convulsionado la vida política británica y motivó la suspensión de la campaña para el referéndum sobre la permanencia o no del Reino Unido en la Unión Europea. La condena por este ataque, cuyo efecto sobre la consulta es imprevisible, fue unánime.
El sospechoso detenido por el asesinato de Jo Cox, al que la prensa británica identifica como Thomas Mair, de 52 años, vivía solo en una vivienda social de Birstall, a unas calles de donde Cox tenía su oficina y muy cerca de donde esta murió. Los vecinos lo describen como un hombre introvertido y solitario.
La policía maneja dos líneas de investigación respecto al sospechoso: su salud mental y su posible filiación a la extrema derecha, sin ser excluyentes. Al menos dos testigos aseguran que oyeron al atacante gritar “¡Britain first!” (“Gran Bretaña primero”), que es el nombre de un partido neofascista. Además, Mair tenía antecedentes por enfermedad mental, según ha contado su hermano Scott a la prensa británica. Su familiar ha insistido en que no tenía particular interés en política, ni era racista, ni violento.
Jo Cox, madre de dos hijos, fue directiva de la ONG Oxfam y era diputada desde 2015. Ella y su marido habían participado activamente en los actos destinados a convencer al electorado laborista para que respalde la adhesión a Europa.
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